Aquí para quedarse
Saber cada detalle técnico que hace funcionar todas las funciones digitalizadas de nuestro día a día es un despropósito. No solo es una cantidad de información inasumible, si no que cambia rápidamente. Pero hay algo que se puede exigir, y es la transparencia de esa información. Catalogar y documentar la información hace que cualquiera pueda buscar e informarse de lo que necesita en el momento preciso, y para eso se necesita transparencia. Exigir transparencia a la tecnología que sirve de pilar para todas nuestras tareas (incluyendo tareas administrativas y de algún modo obligadas) es exigir soberanía y decisión sobre ellas. Incluso si una misma, como individuo, no es capaz de saber qué buscar o entender la información que se necesite, alguien de una comunidad de apoyo sí. Imaginemos por un momento a una bibliotecaria cualquiera, una que específicamente esté de cara al público en ese momento. Alguien está buscando un libro o unos documentos, pero no sabe como funciona el sistema catalogación. Yo me he visto en la situación de esa persona buscando documentos, pero siempre he encontrado guía y consejo de alguien que si sabe moverse en ese sistema y toda la información estaba ahí para consultarla. Ahora imaginemos la misma situación, pero el sistema de catalogación es opaco, así como los datos, por lo tanto la bibliotecaria no puede saber cómo funciona al cien por cien. Si tiene paciencia y buena predisposición, puede intentar adivinar, basándose en una colección de ensayo y error, o en una suerte de documentación incompleta. Tampoco sabe con certeza si esos documentos están ahí, sólo se lo puede imaginar, dependiendo de otros documentos que ha conseguido sacar de ese catálogo opaco.
Esta es la situación de gran parte de la tecnología actual que hace funcionar sistemas críticos.
Y no sólo eso. Para hacer funcionar esa caja oscura de tecnología, se necesitan cada vez más y más recursos, más y más agua, más y más territorios. Una vez que esa tecnología está implantada por defecto en una infraestructura crítica, esta se vuelve automáticamente dependiente de los cambios y decisiones de esa tecnología. Una administración pública, por ejemplo, una universidad o una red de colegios, son algunos ejemplos fáciles que pueden necesitar infraestructura digital y es fácil que acaben eligiendo una tecnología-caja-oscura para sostenerse. Si, como un oráculo, desarrolladores de la tecnología-caja-oscura dicen que se necesita un centro de datos masivo para funcionar, ¿cómo vamos a contradecirle o proponer alternativas? No podemos saber qué fuerza necesita la manivela que lo hace funcionar.
Un centro de datos masivo no es un centro de datos al uso, como los que alguna gente conoce e incluso ha visitado. Como bien describen las compañeras de Tu Nube Seca Mi Río, los centros de datos masivos afectan críticamente a los recursos energéticos, suelo y agua de los territorios que ocupan. La opacidad se extiende no sólo a cómo funcionan sus tecnologías, si no a lo que consumen¹.
Los objetivos de sostenibilidad climática chocan frontalmente contra la tecnología-caja-oscura, y en ese choque de fuerzas suceden muchos de los debates que tenemos en diferentes foros, incluyendo el que ocupa el espacio de la Asociación de Bibliotecarios Andaluces. Es muy difícil asumir un discurso lejos de lo naive sin señalar al elefante en la habitación que es el consumo opaco de tecnología. Tecnología que, además, posiblemente ocupe un espacio también en el ámbito privado de cada individuo, de su ocio y su tranquilidad.
El decrecimiento tecnológico, por tanto, a veces se presenta como una amenaza a ese espacio de ocio, y a la envenenada facilidad que supone aceptar la tecnología-caja-oscura y sus requisitos (incluyendo de consumo), girando la cabeza hacia otro lado y enfocando los esfuerzos en otros discursos complementarios como el desarrollo y mejora de energía verde. En este choque, se lanzan expresiones como “ludita” en forma burla para dar la vuelta al asunto, y convertir cualquier discurso que cuestione el uso de la tecnología opaca para infraestructuras críticas en la opción naive. Sin duda es una posición muy conveniente para las empresas detrás del desarrollo de esa tecnología, y alentada por frases facilonas como “es el futuro y hay que aceptarlo”, “es el progreso y hay que aceptarlo” o “está aquí para quedarse”. Supongo que también llegaron para quedarse la Blockchain hasta en la sopa o los NFT.
El decrecimiento se ha planteado por colectivos desde diferentes perspectivas y contextos. Algunos se han situado en el diseño de tecnología “reciclable”, y creo que el ejemplo más conocido es la lucha contra la obsolescencia programada, que incluso el público no técnico conoce por lo general. No hay sonrisas de condescendencia ni alusiones al “buenismo inocente” cuando se habla de evitar la obsolescencia de nuestros dispositivos, casi todas queremos que nuestros electrodomésticos, ordenadores y móviles puedan repararse y seguir funcionando, si así lo deseamos. Otros planteamientos del decrecimiento, discuten que una tecnología-caja-oscura, aunque nos “fiemos” de que no tenga una fecha de caducidad pre-programada, deberían ser cuestionados bajo la lupa de objetivos climáticos, y que eso es imposible por cómo es su diseño actual. Actualmente, tenemos que confiar en su palabra, y la de terceros que, por compliance, han sido pagados por esas propias tecnológicas. Equipos de investigación, periodistas y activistas climáticos ya han demostrado que sus datos de consumo no son reales, o no están completos.
A la opacidad tecnológica se suma la opacidad conceptual: es fácil pensar en los recursos en la nube, lo digital, lo que se guarda lejos como etéreo. Un archivo no es algo que podamos sostener entre nuestras manos, es algo abstracto sin un peso tangible. El peso de una base de datos no se mide con báscula, si no que depende de un conjunto de estructuras más complejas. La huella climática de un solo archivo o de un conjunto de éstos se disuelve en un conjunto abstracto de variables, haciendo que una forma fácil de comunicar responsabilidades climáticas al público general sea una misión casi imposible. Existen desde hace unos años “medidores” de huella climática de páginas web, incluso Green Peace tuvo una en funcionamiento durante un tiempo. Pero ese tipo de herramientas vigila el trazo directo: los recursos embebidos en la web, sus imágenes, llamadas a otros servicios externos... Es una parte, pero la huella se desdibuja en pequeños detalles clave: que infraestructura lo mantiene en línea, dónde se sitúan los servidores que sostienen sus recursos y los recursos de terceros, qué tipo de infraestructuras son, en qué territorios, etc. Pedir responsabilidades se vuelve una tarea difícil.
Una tecnología que se desarrolla y se construye desde objetivos concretos, el estudio cuidadoso de los casos de uso, las personas que lo van a utilizar y la huella climática que genera requiere revisión, trabajo interdisciplinar y transparencia, entre otros. Esa clase de tecnología no está pensada para hacer una carrera “contra” la tecnología-caja-oscura, si no que se plantea como un esfuerzo para que las infraestructuras críticas no dependan de un esfuerzo sobrehumano contra la falta de transparencia y los juegos de responsabilidades disueltas en muchas partes. La tecnología del decrecimiento es más lenta, pero es transparente. La mayoría de colectivos que abanderan el decrecimiento tecnológico lo hacen alrededor de esta idea. Se desarrolla algo, se documenta, si prueba, se usa. Su transparencia y documentación permite que perfiles multidisciplinares (independientemente de si son de grupos minoritarios, o de si cumplen con unas condiciones económicas específicas) revisen esta tecnología y propongan cambios o construyan algo nuevo que las desarrolladoras iniciales no habían pensado. El ejemplo que se pone con frecuencia para hablar de la estabilidad de esta tecnología es que muchas aplicaciones o desarrollo opaco realmente se sostienen en su estructura más básica en sistemas operativos desarrollados de forma libre y transparente por comunidades, no por empresas. Cuando mandas un mensaje instantáneo o usas una aplicación privativa, siempre hay en la cadena de procesos o un sistema operativo libre en alguno de los servidores clave o bien librerías y aplicaciones desarrolladas bajo este mismo precepto de transparencia.
Así que exigir transparencia y exigir una tecnología documentada y revisada es fundamental para hablar de forma realista de la revisión de su huella climática, es una posición que ha ido desarrollándose a lo largo del tiempo, y no una postura repentina y poco madurada. Es cierto que cualquier postura que no tenga un eslogan manido ha de hacerse hueco a codazos.
Todo este esfuerzo es interseccional a muchos otros. Gran parte de mi energía vital durante años ha sido la revisión y la lucha por crear espacios seguros y transfeministas allí donde se abren debates y desarrollo por la tecnología transparente, que por lo general se llama “software libre”. Es un esfuerzo y un desarrollo que, como en cualquier comunidad, se hace a lo largo del tiempo, y como cualquier otro asunto, se hace desde la constante crítica y revisión. Con frecuencia se espera que, si ha de empezarse a criticar la tecnología opaca, ha de hacerse desde el principio con el Santo Grial en la mano, con la solución a todos los problemas ya planteada y construida. Al no encontrar ese espacio/tecnología/desarrollo perfecto, se descarta y se entierra bajo la carrera por “lo que está aquí para quedarse”. Personalmente considero que ser una parte proactiva y en constante revisión de un todo más grande es lo realista, lo que demuestra esa transparencia y esa capacidad de adaptarse según lo requiera el contexto. Desconfío de todo lo que ya está hecho y acabado y rematado con una mano de pintura.
Todo lo que queramos que sea sostenible, debe ser criticable, debe poderse moldear, estirar y aplastar a gusto de las manos de su comunidad. Una tecnología más simple es más fácilmente reciclable y puede encajar en varios huecos.
Evidentemente no podemos levantarnos mañana mismo y cambiar todo lo que hay nuestro alrededor. Si ese es el objetivo en la cabeza, no llegaremos, no funciona. Se trata de buscar un cambio tecnológico progresivo, amable con los ritmos de las personas que lo utilizan y lo construyen, y en un espacio seguro. ¿Qué es más realista? ¿Una tecnología opaca que sus vendedores te han dicho que es el futuro, o una tecnología transparente que está abierta a críticas cíclicas desde todos los frentes a lo largo del tiempo?