La inercia de lo humano
Alguna vez, habéis mirado un paisaje y pensado “¿qué pensarían otras personas antes que yo de este paisaje?” Pero, mucho mucho antes que yo. Antes que mis padres, antes que mis abuelos. Generaciones perdidas atrás, ¿qué pensarían de este paisaje?
A veces a través del arte nos llegan respuestas a esa pregunta, a veces no. Con frecuencia nuestro imaginario de lo que es el arte se centra en un análisis estético (me gusta no me gusta, se parece no se parece), pero hay mucho más detrás de cada obra, más allá de la percepción estética: nos habla de un contexto. Cualquier autore crea en un contexto. En un lugar, en un momento, con una serie de ideas preconcebidas o una u otra educación. Algunas obras están pensadas para plantear preguntas, o acoger una idea que nos lleva a interrogantes (aunque no estén definidos aún). Qué interrogantes se plantean nos dicen muchísimas cosas de ese momento, de esa persona. No se trata de señalar necesariamente a una persona para alabar su genio, si no más bien descubrir esas voces que nos hablan de contextos, incluyendo las que sabemos que son excepciones, porque las excepciones señalan lo común y lo exponen.
Pero a ver ¿De qué estás hablando? ¿A dónde quieres llegar?
Obrar el arte es un lenguaje atemporal y humano, que nos pregunta cosas a lo largo de generaciones, y a través de esas cuestiones nos define sociedades. Algo así como un legado vivo que muta porque evoca diferentes sensaciones a espectadores a lo largo del tiempo, pero que además oculta, enterrado, un mensaje sobre su autore y su contexto.
Incluso el arte que no te gusta, o el arte que tu cuñado dice que puede hacer su bebé golpeando sus manos pintadas sobre un papel, hace una marca en una línea del tiempo.
Por cierto, la experimentación artística en infantil es algo que se puede practicar y beneficia a infantes y familiares, pero sobre cuidados, cariño y respeto no se alimenta un cuñado.
Incluso el arte que te asombra porque pensabas que estaba hecho anteayer y tiene cien años, todo eso esconde mensajes del pasado. De una persona que vivió, más allá de ese momento preciso de crear, y ese contexto le dio una particular inercia artística, diferente a la que tú y yo tendríamos aunque quisiéramos con todas nuestras fuerzas imitar.
Hamda Bint Ziyad, cantora y poeta, se bañaba en el río Genil allá por el siglo XI, junto a sus compañeras. Una de ellas le pareció tan radiante, tan espléndida, que se enamoró y escribió sobre su amor por ella, usando como escena una descripción del río como un ideal de naturaleza y vida, en un poema llamado “Río Protector”. Muchos muchos años después Lorca miraría también hacia el Genil (y el Darro), escribiría Baladilla de los tres ríos y descargaría sobre las hojas melancolía, hasta comprar los ríos con sangre¹. Ahora me asomo al Genil, y observo una grúa sobre cemento, retirando barro junto a un arroyo. Los tres (disculpadme la comparación) miramos al mismo río, pero no era el mismo río, no tenemos las mismas palabras y nos escrutan miradas diferentes.
Tengo una duda. ¿Qué ocurre si dejamos de asumir esa inercia como humana? Nuestro legado contextual se disuelve en una cacofonía estadística.
¿Qué queremos que descubran las siguientes generaciones cuando asomen curioses la cabeza para descubrir nuestros contextos e inspiraciones?
Cuando digo que la IAGen no es arte no hablo sólo del extractivismo, el robo indiscriminado a artistas o el impacto climático. No es sólo un despecho activista.
Estoy hablando de que para crear, para hacer una marca en esa línea temporal, hay que vivir y expresar.
Un prompt es una descripción cuya salida nos guía por un camino marcado de una coctelera digital.
Un prompt que trabaja con una estadística entrenada nunca nos hubiera contado que se enamora de lo prohibido. No nos aplasta en la angustia atractiva de una Baladilla. No es humana, es un cúmulo de expresiones humanas que no expresa ningún contexto en particular porque asume un genérico que no existe.
No dirá nada.
Sigamos diciendo cosas al aire con nuestros contextos. Incluso esa línea imperfecta o ese poema a la mitad, son marcas para nuestras amigas del futuro que quieran saber quienes fuimos.
1) (aunque es un recurso para hablar de Granada como la sangre de Dioniso)