Tejer como lenguaje performativo
El siguiente artículo es una pequeña entrada de un diario ficticio, especulativo, que no escribe Paula si no Kaniq: Un personaje nómada entre las montañas de Sierra Nevada del futuro. Su tribu, las Hijas de la Nieve, tienen diversas tradiciones, entre ellas tejer pero lo más importante, hacer como que tejen, o también tejer sin motivo.
El anudado y entrelazado de hilo es un lenguaje fundamental, incluso si no tenemos ese hilo, ni ningún torpe sucedáneo hecho de las tiras de tallos bajo la nieve. No son necesarios, sólo hace falta ver la suave danza de despedida antes de un viaje: trazar los hilos del propio destino para llevarnos lejos. Los dedos no danzan aleatoriamente (aunque las niñas jueguen a bailar y olviden donde dejaron sus hilos invisibles del aire), entrelazan lo que sólo pueden ver los ojos de una.
Siempre llevo encima una pequeña bolsa con pequeñas cuentas metálinas, unas doradas y otras azules, que su madre-vientre le había regalado. Como cualquier Hija de la Nieve entrando en la adultez, realmente no me hacen falta porque mis ojos cazan rápido el patrón del anudado y mi mente memoriza ideas para nuevos patrones, pero es relajante tomar notas sobre el tejido. Antes de anudar, con hilo blanco anoto los dos patrones básicos, como le enseñaron de niña.
Me preparo, colocando estacas en el suelo para sujetar un extremo del telar y anudando firmemente el otro extremo a modo de cinturón. Me siento de rodillas, tengo al lado una pequeña bolsa con todo lo necesario.
Para empezar, antes de lanzar, anudo un hilo blanco en un extremo, coloco una cuenta dorada. Un nudo más: coloco el patrón dorado-azul-dorado. Suena la voz de Hamda – mi hermana mayor- en mi cabeza, repitiendo “siempre empezamos por el dorado, atrapamos la vista”.
Otro hilo blanco nuevo, anudo, coloco esta vez una cuenta azul, anudo de nuevo. Coloco entonces el patrón dorado-azul-azul-dorado.
Con esto ya tengo preparadas las notas de rigor sobre los dos patrones básicos.
Empujo la primera línea del lanzador y la devuelvo, para anudar el siguiente hilo rojo al extremo de la primera línea. en este, anotaré la alternancia de los dos patrones definidos antes en los hilos blancos. Una cuenta dorada sobre el hilo rojo, simboliza el patrón que he usado al lanzar la primera línea, una cuenta dorada más para indicar que he usado ese patrón para volver. Así coloco varias, dorada, azul, azul, dorada, dorada, dorada, azul, dorada. Ya tengo mi patrón planteado. ¡Ah! aquí está la belleza, ye s que a la mitad cambio mi patrón, y para ello tengo que hacer nuedos nuevos, rojos y azules: rojos que me indican lo que ocurre a la izquierda del telar y azul que ocurre a la derecha desde el nudo. Mi madre-corazón me explicó que aquí había belleza: el destino planteado puede cambiarse y aún así se puede plasmar y tejer. Crear patrones para luego romperlos, en el momento más bello, como oír una avalancha a lo lejos a sabiendas que estás a salvo. Rompes y creas a la vez.

